El Virreinato del Perú en el siglo XVIII

La siguiente historia tiene lugar entre el año 1700 y el 1800 d.C.

Volvemos a los inicios del siglo 18, pero ahora me centraré en la Historia del Virreinato del Perú. La Dinastía Borbón había llegado y querían llevar a cabo muchas reformas en la administración virreinal. Enseguida veremos qué consecuencias tuvo todo esto.

Comencemos esta historia en 1704, cuando fue nombrado como nuevo virrey el catalán Manuel de Oms. Eso sí, entre una cosa y otra, tardó como 3 años en llegar a Lima.

Este noble barcelonés estaba bien relacionado con la corte tanto española como francesa, dominadas ambas por los Borbones, y llevó a la corte del Perú el ambiente, las costumbres y las modas de Versalles, y también alentó el cultivo de las artes y las letras. En 1709 creó en el palacio virreinal la Academia Familiar, una especie de tertulia donde se reunían artistas, músicos y escritores, algo que empezó a ser bastante habitual en la sociedad limeña de la época. También Oms fue mecenas de diversos músicos y poetas indígenas, mestizos y criollos. Y hasta escribió una ópera: El Escudo de Teseo.

Un artista a destacar es Melchor Pérez Holguín, considerado uno de los mejores artistas de la historia de Bolivia y de la pintura barroca hispanoamericana. Entre sus obras más famosas destaca Entrada del virrey Morcillo en Potosí o El Juicio Final.

Oms se tuvo que enfrentar al contrabando de mercancías francesas en la Feria de Prisco, que hacía competencia a la de Portobelo. Para solucionar el asunto decidió exigir altas comisiones a la compra-venta de productos de Prisco, pero como no podía hacerlo legalmente, recurrió a crear sociedades, en las que él participaba, por supuesto, y se enriqueció bastante. Y no solo él, también aumento la recaudación del virreinato.

Hasta aquel entonces, los Habsburgo habían dado poder a los virreyes para nombrar cuantos cargos quedasen libres, dando preferencia a hijos de conquistadores y prohibiendo nombrar a parientes, por el tema del nepotismo. Con los Borbones eso iba a cambiar, ya que querían un control más férreo desde España y asegurarse la fidelidad de los ciudadanos de la América hispánica. En resumen, que estos nuevos reyes empezaron a nombrar desde Madrid cada vez más altos cargos.

Finalmente, en 1708 destaca el hundimiento del galeón San José por parte de los ingleses cerca de Cartagena de Indias, que iba cargado con un tesoro de la leche valorado en 5.000 millones de dólares. El lugar donde se hundió siempre estuvo rodeado por el misterio, hasta que sus restos fueron encontrados en 2015. Eso sí, ahora hay disputas entre España y Colombia para ver quién tiene derecho sobre el yacimiento.

Tras Manuel de Oms, el limeño Miguel Núñez de Sanabria estuvo provisionalmente a cargo del virreinato como presidente de la Real Audiencia de Lima.

Le sucedió el obispo de Quito, Diego Ladrón de Guevara. Durante su gobierno se incrementó la producción de plata, hizo frente a ataques corsarios, reconstruyó la catedral de Lima, estableció una cátedra de anatomía en la Universidad de San Marcos y fomentó el libre comercio con Inglaterra desde el puerto de Portobelo.

A este le siguió el virrey Carmíneo Nicolás Caracciolo, príncipe de Santo Buono, el primer virrey de origen napolitano.

Parece que Caracciolo tenía órdenes de poner fin al contrabando francés, algo de lo que fue incapaz. También intentó abolir el mercado de esclavos negros y la mita, pero tampoco lo consiguió, aunque lo limitó bastante.

Durante su gobierno destaca la creación del primer periódico del Perú, la Gaceta de Lima, de 1715. 

De esta época destacan algunos personajes célebres. Por ejemplo, tenemos al limeño Pedro Peralta y Barnuevo, que fue un poeta, matemático y astrónomo, y rector en la Universidad de San Marcos de Lima.

Otro es José Bermúdez de la Torre y Solier, abogado y escritor quién también fue rector en la misma universidad y que ocupó altos cargos en el gobierno virreinal.

Y finalmente, estaría José Manuel Valdés, un catedrático mulato o zambo de origen afroperuano que fue médico, escritor, y más adelante diputado de la República del Perú. Ah, e incluso fue nombrado miembro de la Real Academia Médica de Madrid. Casi nada.

Año 1717. Este año es importante porque el Virreinato del Perú sufrió su primera fragmentación. Las Audiencias de Santafé de Bogotá, Quito y Panamá conformaron un nuevo virreinato: el Virreinato de Nueva Granada. Es decir, que incluía lo que hoy es Venezuela, Panamá, Colombia y Ecuador. Venezuela, por cierto, antes era parte del virreinato de Nueva España.

Esto fue una orden del rey Felipe V, pues veía que la dificultad de comunicaciones entre Santafé y Lima era un problema, y eso generaba bastantes disputas, pues las tomas de decisiones solían demorarse demasiado, al depender de un lugar tan alejado. Era necesario crear un gobierno efectivo en aquella región.

Su 1º virrey fue Antonio Ignacio de la Pedrosa y Guerrero. Este tipo luchó contra la corrupción de aquellos gobiernos locales y suprimió muchas encomiendas. También fortaleció las fortificaciones de Cartagena de Indias, que serían importantísimas para la defensa contra los británicos.

El 2º virrey de Nueva Granada fue Jorge de Villalonga, aunque oficialmente es el primero. Pero bueno, da igual. Este tipo fue lo contrario a su predecesor, y en vez de luchar contra la corrupción, se unió a ella. De su mandato destaca el ataque a Tucaras, un asentamiento de piratas holandeses en la costa venezolana.

En 1724, este virreinato nuevo fue suprimido por problemas financieros, pues España acababa de salir de la Guerra de la Cuádruple Alianza y tenía las arcas prácticamente vacías. El Virreinato de Nueva Granada no sería reestablecido hasta 1740. Y esto ya la veremos en un capítulo aparte.

En la zona de Argentina las guerras contra las tribus calchaquíes habían acabado. Uno de estos pueblos calchaquíes fue el pueblo Amaicha, tribu que, como no se unió a la guerra contra los españoles, pudieron firmar la Cédula Real de Amaicha del Valle, de 1716, por lo que sus tierras quedaban completamente libres del dominio español y pudieron mantener sus instituciones y costumbres.

El arzobispo de Lima Diego Morcillo fue virrey del Perú hasta 1724. El se encargó de ir suprimiendo el régimen de encomiendas por todo el virreinato.

En 1723 tuvo que hacer frente a un nuevo levantamiento mapuche. Resulta que uno de los capitanes de amigos trató de crear un monopolio comercial con el tráfico de ponchos que fabricaban los mapuches, y estos se enteraron y se sublevaron. La rebelión acabó con el Parlamento de Negrete de 1726.

Aquí los mapuches se reconocieron vasallos del rey, a la par que los españoles reconocían su autonomía y derecho a denunciar abusos y pedir sustituciones de funcionarios directamente al gobernador, para evitar que pasaran más movidas de estas.

Tras Morcillo llegó el pamplonés José de Armendáriz, marqués de Castelfuerte, quien gobernó el virreinato 12 años.

Armendáriz es famoso por haber inaugurado el Monasterio de las Nazarenas en Lima.

Este virrey también tuvo que luchar contra la corrupción y contra el contrabando que realizaban los navíos franceses y neerlandeses, y para ello tuvo que contratar una compañía naval privada, la del marqués de Torre Tagle, para que les diera persecución y muerte. De esta familia es famoso el Palacio de Torre Tagle, en Lima, acabado en 1735.

También fortaleció las protecciones de diversos puertos, y tuvo de asesor a un marino muy experimentado llamado Blas de Lezo. Seguramente su nombre os suene, más tarde os hablaré de él.

Algunos corsarios a los que se tuvieron que enfrentar fueron George Shelvocke, quien arrasó el puerto de Paita, y John Clipperton, quien bombardeó Arica, en Chile.

Con el asentamiento de los Borbones en España, el rey envió a América un ejército borbónico, y también contrató bastantes soldados entre los criollos. Fue así como, para finales de siglo, estos criollos acabarían copando la mayoría de altos cargos del ejército regular de América. Luego los Borbones se darían cuenta de que reducir su poder político y darles poder militar sería muy mala idea.

Y es que, a lo largo de este siglo, estos criollos, pero también comerciantes y campesinos blancos y mestizos, así como grupos indígenas, van a protestar muy fuerte debido a algunas reformas borbónicas. Por ejemplo, por la creación de monopolios estatales, de compañías privilegiadas, o nuevas cargas tributarias. Veamos algunos ejemplos:

En 1717, ocurrió una rebelión de cultivadores de origen canario en Cuba en contra del estanco del tabaco. Sin embargo, la Corona los reprimió con dureza y acabó creando la Real Compañía de La Habana. Ahora esta empresa estatal era la única que podía plantar tabaco, producir cigarros y comerciar con ellos.

En 1721 comenzó la Revolución Comunera de Paraguay, que duró 14 años. Resulta que muchos encomenderos de Asunción protestaron contra el corregidor Diego de los Reyes Balmaceda, porque beneficiaba a las reducciones o misiones jesuitas. Éstas acaparaban las mejores tierras, y los nativos guaraníes no pagaban impuestos, y ellos sí, y lo veían como una competencia desleal e injusta. A eso se le unió el control del precio de la paja, cuyo cultivo, transporte y comercio era el negocio más rentable de la zona. Y también que Diego favoreció a los guaraníes en sus disputas territoriales con los nativos Payaguas, siendo estos, indios pacíficos que comerciaban con los españoles. Y muchos acabaron muertos.

En fin, con todas estas movidas y juegos de poder, estalló la rebelión. El virrey envió al juez pesquisidor José de Antequera, y éste metió a Diego en la cárcel y tomó el control de la provincia de una forma más o menos ilegal, convirtiéndose en el nuevo gobernador de Paraguay.

Los jesuitas protestaron, liberaron a Diego y… pum, otra vez revueltas y movidas. Antequera expulsó a los jesuitas en 1724, y eso hizo que Armendáriz fuese a por él. Antequera tuvo que huir cagando leches, pero acabó capturado y condenado a muerte. Y la revuelta comunera no acabaría hasta 1735, cuando el movimiento fue aplastado.

En 1728, los privilegios comerciales que la Corona concedió a la Compañía Guipuzcoana de Caracas, perjudicaron a los pequeños y medianos agricultores de Venezuela. Fue Andresote, un zambo cimarrón, quien lideró una revuelta contra esta compañía en 1730, pero no consiguió nada.

Otra rebelión fue la de los mestizos de Cochabamba, ocurrida en 1731 en Bolivia, liderados por Alejo Calatayud, un platero mestizo nacido en Oropesa, pero afincado en Cochabamba, donde era dueño de un taller de filigrana y de las personas más afamadas de la zona.

El caso es que empezó a correr el rumor de que el virrey iba a subir los impuestos a la clase social mestiza. Por ello, el influyente Calatayud protestó y se le unieron mestizos e indígenas, y todos juntos tomaron Cochabamba, donde saquearon tiendas y viviendas y mataron a 40 españoles.

Los criollos de la zona contratacaron y lograron frenar la revuelta. Capturaron a Alejo y éste acabó decapitado.

En la Gobernación del Río de la Plata es importante hablar del gobernador Bruno Mauricio de Zabala. Este tipo veía cómo la Banda Oriental, es decir, Uruguay, se había llenado de portugueses y franceses, que se saqueaban entre ellos día sí y día también. Luchó contra ambos grupos y logró tomar partes del territorio. Para asegurar su posición construyó el Fuerte de San José, en lo que hoy es Montevideo, ciudad que fue fundada por este Zabala en 1726. Montevideo rápidamente se convirtió en un puerto comercial capaz de competir con Buenos Aires.

Años más tarde, en 1750, España firmó con Portugal el Tratado de Permuta, o de Madrid, que definió los límites territoriales de ambas potencias. Las actuales fronteras de Brasil vienen prácticamente por este tratado. El problema es que 7 misiones de los jesuitas se quedaron del lado de Portugal.

Y claro, esto es importante porque los portugueses permitían la esclavización de los indígenas, y España no, y la resistencia de los guaraníes a formar parte de Portugal fue llamada Guerra Guaranítica, que duró de 1752 a 1756.

Lo curioso del asunto es que el bando español se puso de lado de los portugueses porque tenían órdenes de cumplir con el acuerdo. Debido a esto, jesuitas y guaraníes fueron a la guerra contra españoles y portugueses. Esta resistencia estuvo liderada por el cacique Sepé Tiarayú.

El cacique guaraní murió justo antes de la batalla final, la Batalla de Caibaté, en la que venció el bando español-portugués, y los jesuitas y guaraníes tuvieron que exiliarse. Algunas misiones se reconstruyeron en territorio español, pero otros guaraníes decidieron volver a la vida en la selva. Y es que la frontera aquella seguiría siendo un foco de conflictos.  

En 1736 fue nombrado virrey el segoviano José Antonio de Mendoza, marqués de Villagracia de Arosa. Sus casi 10 años de gobierno los ocupó en mejorar la Hacienda, creando nuevos impuestos, y la producción minera.

Durante su gobierno tuvo lugar una de las primeras expediciones científicas internacionales: la expedición de Charles Marie de la Condamine, o expedición geodésica francesa, en la que participaron varios científicos españoles como Jorge Juan y Santacilia y Antonio de Ulloa. El objetivo principal fue medir la línea del ecuador y comprobar la forma de la Tierra.

Otra expedición científica importante fue la de Hipólito Ruiz. Este botánico y farmacéutico burgalés viajó por todo el virreinato para estudiar las especies faunísticas y botánicas, y las propiedades medicinales de estas últimas.

De 1736 destaca un auto de fe de la Inquisición de Lima que fue muy controvertido. Varias mujeres fueron condenadas a azotes por judaizantes y brujería. Una de ellas, María Ana de Castro, se dice que no quiso abjurar de sus creencias judías, y la quemaron en la hoguera.

El inquisidor fue Cristóbal Sánchez Calderón, y sus sentencias fueron calificadas de injustas y desproporcionadas. Pronto le empezaron a investigar, le declararon culpable, le echaron de su puesto, y la Inquisición de Lima no volvió a condenar a nadie a la hoguera.

En 1739 comenzó la Guerra del Asiento, o Guerra de la Oreja de Jenkins, en la que Inglaterra se enfrentó al Imperio español para robarle diferentes posesiones en América y hacer colapsar los virreinatos. Parece ser que el conflicto estalló porque el capitán Robert Jenkins dijo en la Cámara de los Comunes que los guardacostas españoles que vigilaban el contrabando le habían torturado y cortado una oreja. Aunque no se sabe si se lo inventó todo.  

Mientras el almirante George Anson atacaba las costas virreinales con la excusa de estar haciendo un viaje científico de circunnavegación, el almirante Edward Vernon atacaba el Caribe. En noviembre de 1739 asedió con violencia Portobelo.

Por cierto, en agosto de 1739 se restituyó el Virreinato de Nueva Granada, con Sebastián de Eslava como nuevo virrey. Su residencia oficial estuvo en Cartagena de Indias, aunque técnicamente la capital era Santafé. Esta ciudad va a ser muy importante durante esta Guerra del Asiento, ya que su episodio más significativo fue el sitio de Cartagena de Indias, de 1741. Sin embargo, como ya he contado, esto ya lo dejo para el siguiente capítulo.

En esos años, 1742 concretamente, estalló en la selva central peruana, el Gran Pajonal, una revuelta liderada por Juan Santos Atahualpa. Este era un dirigente mestizo que se creía descendiente de Atahualpa y que quería restaurar el Tahuantinsuyo y expulsar a los españoles y a sus esclavos negros. Eso sí, el Atahualpa este quería seguir siendo católico.

Esta revuelta duró más de 10 años, pero estuvo muy limitada a la selva, y no produjo muchos problemas. De todas formas, el virrey abolió la mita que quedaba en aquella zona y logró apaciguar a muchos nativos. Al final, la rebelión de Juan Santos acabó diluyéndose debido a las disputas internas entre los rebeldes, y no se sabe bien qué pasó con Juan Santos.

En 1745 llegó a virrey del Perú el riojano José Antonio Manso de Velasco, conde de Superunda, y anteriormente gobernador de Chile.

En este último cargo fundó nueve ciudades, y se preocupó mucho por el desarrollo urbanístico de Santiago, iniciando la construcción de los Tajamares del río Mapocho, con lo que evitaban las frecuentes inundaciones que padecía la ciudad.

Lo más importante que hizo en Chile fue la fundación de la Real Universidad de San Felipe en 1747, en Santiago, donde se podía estudiar Derecho, Medicina, Filosofía, Matemáticas, Teología, Artes y Lengua, que incluía el estudio del idioma mapuche, conocido como mapudungún o araucano.

El 28 de octubre de 1746 se produjo el mayor terremoto de la historia de Lima hasta aquel momento, y sus réplicas se contaron por centenares. Para el colmo, un tsunami de 17 metros de altura arrasó ciudades y pueblos costeros, que hubo que reconstruir casi desde cero. Se cuenta que en Lima solo quedaron 25 casas en pie y murieron unas 10.000 personas.

De todas formas, a pesar de todas las consecuencias negativas del terremoto y el tsunami, este virrey logró encauzar la situación y reconstruyó muchas ciudades con gran rapidez, siguiendo el plan de un matemático francés consejero del virrey, Louis Gaudin.

También invirtió mucho dinero en atender a los necesitados que se quedaron sin nada. Por ejemplo, una de las medidas que tomó fue que todos los panaderos, molineros y carniceros presentasen parte de sus víveres en la plaza de Lima para calmar el hambre de los supervivientes.

El virrey Manso obtuvo el título de conde de Superunda, que significa en latín “encima de la ola”, por su esfuerzo solventando aquella tragedia.

En el año 1757 comenzó la Guerra de los 7 años, una guerra internacional que, como ya conté, también afectó a los virreinatos americanos. Aquí, el rey Carlos III de España ayudó a su pariente, Luis XV de Francia, contra Inglaterra, Prusia y otros estados más.

Tras unos 16 años de gobierno, en 1761, el virrey del Perú Manso de Velasco dejó el cargo, el cual pasó al catalán Manuel de Amat y Junyent, quien también estuvo un tiempo similar en el poder del Perú.

Y al igual que el anterior, también fue gobernador de Chile, y es famoso por haber creado un cuerpo de policía chileno conocido como los Dragones de la Reina, para la vigilancia y seguridad de las ciudades.

También envió dos fragatas para explorar la Isla de Pascua. Esta isla había sido descubierta en 1722 por el holandés Jakob Roggeveen el día de Pascua, de ahí el nombre, aunque su nombre original es Rapa Nui. De la expedición española a Rapa Nui, dirigida por Felipe González Haedo, son los primeros dibujos de los famosos moáis.

Otra de las expediciones de Amat, de 1772 y liderada por Domingo de Boenechea, llegó hasta Tahití, a la que se llamó como Isla de Amat. Se llevó una pequeña población de peruanos para que poblaran el lugar, pero estos se aburrieron y decidieron volver.

Ya como virrey del Perú, Manuel de Amat levantó muchos edificios públicos que buena falta hacían en aquella Lima todavía en reconstrucción.

Construyó la Casa de la Moneda de Lima, y la Plaza de toros de Acho, la primera plaza de toros de América. También destacan la mansión Quinta de Presa y el Paseo de Aguas, una gran avenida que tenía un enorme estanque.

Dicen que ésta fue una obra dedicada a su amante, Micaela Villegas, también conocida como La Perricholi. O Perrichole.

Esta chavala era una actriz y cantante de teatro peruana, y empezó a ganar mucha fama. Ella tenía 20 años cuando comenzó un romance con el sexagenario virrey, y aunque él no estaba casado, ésta se convirtió en la relación más escandalosa de la época. Parece ser que lo de “perricholi” era como el virrey la llamaba en catalán, “peti xol”, o pequeña joya, pero hay muchas dudas de esto. Podría ser también por “pequeña cholita”, o por un insulto del propio virrey, que durante una discusión, en plena calle, la llamó “perra chola”, pero bueno, da un poco igual.

A ambos les molaba exhibirse juntos públicamente por Lima, y se cuenta que la chavala era muy caprichosa, pero a la vez tenía como arranques de generosidad, como una vez que regaló una carroza a un humilde párroco que tenía problemas para caminar.

En 1769, el virrey y la Perricholi tuvieron un hijo de nombre Manuel, y luego tuvo una hija con otro tipo: Manuela. Al año siguiente, la chica, de 22 años, compró su primera propiedad, en la calle del Huevo, una calle famosa porque era donde vivían muchos actores famosos.

En 1776, Amat dejó el cargo de virrey y volvió a España, dejando a la chavala una generosa pensión. En el 81 adquirió la Casa-Molino de la Alameda Vieja, la cual le daría muchos ingresos, y acabó casada con Vicente Fermín de Echarri.

Gracias a sus ingresos pudo comprar el Real Coliseo de la Comedia, convirtiéndose entonces en directora teatral, y llevó una vida bastante tranquila. Murió en 1819 habiendo amasado una tremenda fortuna. 

El mito de la Perricholi fue tal que ha dado lugar a novelas, películas, óperas y un montón de cosas más.

Amat también tuvo que asegurar las defensas de los litorales chileno y peruano debido a la Guerra de los 7 Años. Una de sus obras más famosas fue la Fortaleza del Real Felipe, en el Callao.

Ahora viajemos al Río de la Plata, cuyo gobernador era Pedro de Cevallos. Este tipo llevó a cabo la 1º expedición de Cevallos a Río Grande entre 1762 y 1763 en el contexto de la Guerra de los 7 Años.

Durante la expedición, Cevallos logró conquistar a Portugal la Colonia del Sacramento, alegando que le pertenecía por el Tratado de Permuta.

El problema es que a esto le siguió la invasión anglo-portuguesa al Río de la Plata, ocurrida en 1763. En ella, el rey José I de Portugal y la Compañía Británica de las Indias Orientales decidieron intentar tomar lo que hoy es Uruguay y Argentina.

Así, en la costa de Colonia hubo una batalla naval que significó una victoria para los españoles.

Cevallos decidió aprovechar la buena suerte y seguir su campaña hacia el este. En abril de 1763 tomó la Fortaleza de Santa Teresa, luego el Fuerte de San Miguel, y pronto llegó hasta la población de Río Grande de San Pedro, hoy en Brasil. En resumen, que conquistó gran parte de Uruguay y del sur de Brasil.

Fue allí donde Cevallos tuvo que parar, ya que la Guerra de los 7 años había acabado. En el Tratado de París de 1763, España tuvo que devolver Sacramento y algunas partes más. Aunque en 1777, con el Tratado de San Ildefonso, todo volvió a España.

En el año 1776 llegó al poder del virreinato Manuel Guirior, antiguo virrey de Nueva Granada.

Este fundó una Escuela de Pilotos Náuticos y la Academia de Artillería, donde estaban los talleres de fundición de cañones.

Su pesadilla empezó cuando el Ministro de Indias y visitador general José de Gálvez, del que ya hablé en el anterior capítulo, envió al virreinato peruano a José Antonio de Areche, como visitador general. Sí, lo habéis adivinado. Su labor era imponer reformas. Reformas borbónicas.

La idea de la Casa de Borbón era revitalizar la administración, profesionalizar el gobierno y mejorar la Hacienda. Cargos como alcaldes y corregidores, y también los repartimientos, fueron desapareciendo, y se empezó a imponer el sistema de las Intendencias, es decir, nuevas divisiones administrativas. Los intendentes, los nuevos gobernadores, serían cargos para gente venida de España, y poco a poco, se intentó rebajar el poder criollo y la autonomía que hasta entonces habían tenido los virreinatos.

También, este virrey tuvo que llevar a cabo la orden de la corona de desmembrar de nuevo el virreinato, creando en 1776 el Virreinato del Río de la Plata, que comprendía las actuales Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Y también la zona de Cuyo de Chile, lo que separó Chile del Perú a pesar de que Chile seguía formando parte del virreinato peruano.

Este virrey también sancionó el Reglamento de Libre Comercio de 1778, creado para flexibilizar el monopolio comercial español con América. Gracias a esto se abrieron más puertos españoles al comercio virreinal.

Cartagena de Indias fue un puerto clave como conexión con España. Otros importantes fueron Maracaibo, Guayaquil, Arica o Valparaíso, que ganaron importancia en detrimento de Lima y el Callao. Debido a esto, la zona peruana fue perdiendo influencia y poder.

También se crearon las aduanas de Buenos Aires y Montevideo, que por un lado favoreció el desarrollo de estas ciudades, pero por otro empobreció bastante al Perú, pues ahora la plata del Potosí pasaba a embarcarse en Buenos Aires camino a España, dejando de viajar hacia Lima y hacia el Callao, con la riqueza y prestigio que eso suponía.

En mayo de 1765 estalló la Revolución de los Barrios de Quito, o Revolución de los Estancos, un motín en la ciudad de Quito contra un incremento en el impuesto de los licores por parte de las autoridades.

Entre 1777 y 1778, se repitieron las protestas por todo el Perú también por el estanco del aguardiente, tanto de nativos, de comerciantes y de propietarios de diferentes clases sociales. También la alcabala se subió del 4% al 6%, encareciendo todos los productos menos los de los indios, que estaban exentos, pero les acabó afectando de forma indirecta. Esta revolución de las alcabalas ocurrió en 1792.

Finalmente se elevó los impuestos sobre las clases acomodadas con un décimo sobre joyas y alhajas, estableciendo su obligación con efecto retroactivo.

La Mina de Potosí estaba ya casi acaba, y el virrey tuvo que potenciar la extracción en otras minas, como las de Cailloma, Hualgayoc, Huantajaya, Santa Rosa, el Cerro del Carmen, la mina de Yanacancha del Cerro del Pasco… y la mina de azogue de Huancavelica, por supuesto.

El 1780 el cargo de virrey del Perú fue para Agustín de Jáuregui.

Este navarro ya había sido anteriormente gobernador de Chile, y es famoso por haber creado un censo y un empadronamiento de la población chilena hasta ese momento, unos 250.000 habitantes dijo que había. También eliminó las últimas encomiendas de Chile e inauguró la Catedral de Santiago de Chile y una Academia Forense.

El primer año de su gobierno del virreinato peruano tuvo que hacer frente a la Gran Rebelión de 1780, liderada por el curaca José Gabriel Condorcanqui, mejor conocido como Túpac Amaru II, un mestizo descendiente del inca de Vilcabamba Túpac Amaru I y de Manco Inca, así como de nobles criollos.

Este Condorcanqui era un tipo adinerado que había estudiado en el Colegio San Francisco de Borja, en Cuzco, con los jesuitas, antes de que fueran expulsados de los virreinatos, como ya conté en el capítulo anterior. Desde luego, el exilio de sus antiguos profesores marcó a Condorcanqui. Le hizo ver que incluso una institución tan respetada como la de los jesuitas podía caer.

El caso es que Condorcanqui tuvo una buena vida junto a su esposa Micaela Bastida, y sus tres hijos: Hipólito, Mariano y Fernando. Había heredado varios curacazgos de su padre, siendo una de las personas más ricas del Perú. Se dedicaba al comercio y tenía un negocio de 350 mulas para el transporte de mercancías desde Potosí a Cuzco y Lima.

También poseía grandes fincas, una Hacienda, una plantación de coca, y participaciones en el negocio de la minería, con cientos de indígenas a su cargo.

El problema es que las reformas impuestas por el visitador Areche le jodieron el negocio. La división del virreinato con el Río de la Plata y el auge de Buenos Aires como puerto hacia España, arrebató el monopolio comercial con Lima. Ahora había más competencia y más impuestos, como las tasas aduaneras y la alcabala. De hecho, como Bolivia pasó a formar parte de este nuevo virreinato, la ruta comercial de Condorcanqui se vio atravesada por una aduana. Y Condor tenía muchas deudas, y empezó a irle realmente mal.

Aparte, Condorcanqui también reclamaba desde hacía tiempo el Marquesado de Oropesa. Este título conllevaba, aparte de tierras, una exención de impuestos, lo que le vendría muy bien. Sin embargo, perdió el juicio porque los mismos descendientes incas se lo negaron, por lo que Amaru, quien también era noble inca, pero de segunda, decidió usar su linaje en su favor y comenzar una gran rebelión apoyado por indígenas de la zona. ¿Si hubiese ganado el juicio habría empezado con esta gran sublevación? No se sabe.

Pero vamos, en 1780 comenzó esta gran rebelión cuando Amaru II ejecutó al gobernador de Tucumán y corregidor de Tinta Antonio de Arriaga, quien tenía fama de cobrar más tributos de los requeridos y abusar de su poder.

Amaru declaró la abolición de repartimientos y corregidores, la explotación en haciendas y obrajes, así como la mita, una abolición que ya se había iniciado con las reformas de Areche, con lo cual, no era una novedad.

Todo apunta a que todo esto no era más que un plan bastante bien organizado por parte de Amaru para atraerse a las clases populares para conseguir el marquesado, un trato para bajar los impuestos, o incluso formar una región autónoma. De vestir toda su vida como un criollo rico, ahora comenzó a vestirse con ropas incas y a usar la lengua quechua. Dicen que todas estas ideas venían de su esposa Micaela, la cual tuvo mucho protagonismo en la rebelión.

El caso es que Amaru logró levantar a muchos nativos, mestizos, e incluso algunos criollos perjudicados con las reformas borbónicas. En un principio, el mismo Amaru dijo que no se levantaba contra el rey ni la Corona, ni contra el cristianismo, sino contra el mal gobierno de las autoridades virreinales.

En las semanas siguientes capturó y ejecutó a varios corregidores y a funcionarios de aduanas principalmente. La Batalla de Sangarará fue la primera y única gran victoria de Amaru contra el bando realista, compuesto tanto por españoles como por indígenas aliados. En esta batalla, los realistas perdieron, y se refugiaron en la iglesia del pueblo. Amaru ordenó quemar la iglesia con ellos dentro y a los que iban saliendo los fueron matando con palos y piedras, unos 500 muertos; muy pocos sobrevivieron. Se dice que este acto hizo que muchos españoles y mestizos que apoyaban a Amaru, abandonaran su causa.

Más tarde, parece que Amaru empezó a tener ideas independentistas, y soñaba con una monarquía hereditaria inca, con él como sapa inca con el nombre de José I, y también un ejército y administración propias, libre comercio, liberar a los oprimidos y, como no, eliminar los impuestos de los españoles. Se empezó a creer una especie de mesías que decía a sus guerreros que si daban su vida en la batalla resucitarían al de tres días.

Las tropas rebeldes fueron a conquistar Cuzco. Pensaban que los nativos de la ciudad se unirían a ellos, pero no. Todo lo contrario. La Casa Real Inca de la Nobleza Peruana eran altamente leales a la Corona española, y se enfrentaron a Amaru. Destacan Pedro Apo Sahuaraura, de la alta nobleza incaica, y Mateo Pumacahua Chihuantito, un militar y cacique indígena que fue decisivo en la derrota de Túpac Amaru II.

Viendo que no tenía las de ganar, Amaru se retiró de Cuzco, y gran parte de sus tropas desertaron por su indecisión. Se refugió en Tinta. Mientras tanto, el bando realista logró reunir un ejército de 20.000 soldados y fueron a por él.

Amaru perdió en las Batallas de Checacupe y de Combapata, y poco después, en Langui, fue traicionado por dos partidarios suyos. Acabó capturado y ejecutado en Cuzco en 1781, primero se intentó por desmembramiento con caballos, pero al final le decapitaron.

Su hijo Hipólito fue ahorcado, su aliada favorita, Tomasa Tito Condemayta, fue ejecutada por garrote, y lo mismo pasó con su esposa Micaela. Los tres por haber sido los principales líderes en la revuelta.

El segundo hijo de Amaru, Mariano, fue indultado, le dieron una paguita, pero acabó intentando sacar a una zamba que le hacía tilín de un convento a espadazos… El caso es que lo desterraron a España, pero murió por el camino, en Río de Janeiro, hacia 1784.  

Su hermano Fernando fue desterrado también a España, lo salvaron de un naufragio, luego pasó una temporada en prisión, luego le enviaron a un colegio de Madrid, y acabó muriendo hacia 1800.   

Su medio hermano Juan Bautista también fue enviado a España, pero a una prisión, aunque fue liberado tiempo después y acabó viviendo en Buenos Aires.

Otro que fue perdonado fue el primo de Amaru, Diego Cristóbal Túpac Amaru. Pero éste decidió continuar con la rebelión.

Pronto, este movimiento se radicalizó muchísimo, y se extendió de forma sumamente violenta por el Alto Perú y la región de Jujuy. Los rebeldes ya no tomaban prisioneros. Básicamente se dedicaban a ir de pueblo en pueblo asesinando a cualquiera que hablara castellano o vistiese ropas europeas, aunque fueran nativos. A estos los llamaban puka kunka, o cuellos rojos.

Así, la rebelión se convirtió en un baño de sangre, y ambos bandos realizaron masacres en las poblaciones que iban tomando. Se estima que fueron asesinadas 100.000 personas, siendo esta la mayor matanza de todo el siglo XVIII en Hispanoamérica.

Nuevas rebeliones surgieron por la zona. Por ejemplo, está la Rebelión de Oruro, una villa de la actual Bolivia, en la cual el sargento mestizo Sebastián Pagador se levantó contra los españoles y sus reformas.

Y habría que añadir el levantamiento de Julián Apaza, alias Túpac Katari, un aimara hijo de un minero. Como parte de la gran rebelión, Katari cercó La Paz, en Bolivia, y sus tropas comenzaron una limpieza étnica en la que se pretendió asesinar a todas las personas blancas y mestizas, e incluso indígenas que vistieran de forma europea. Katari fue sin duda el líder más radical de todos los que hubo en estos años, y pretendía ser nombrado inca aimara a pesar de no ser noble indígena, a la par que buscaba volver a las costumbres antiguas y renegar de todo lo europeo.

Renegó de apoyo de las clases criollas y de caciques indígenas que no eran tan radicales. También tuvo choques con los quechuas del movimiento, quienes querían imponerse a los aimara, grupo al que Katari pertenecía.

Al final Katari acabó con más enemigos que aliados, y le acabaron entregando a los españoles. Fue ejecutado al año siguiente.

El visitador Areche decidió tomar medidas severas y prohibió el quechua y muchas costumbres andinas a la población nativa, pero fueron medidas que apenas tuvieron impacto real y que se olvidaron conforme la cosa se calmó. 

Para acabar con esta parte, Diego Cristóbal Túpac Amaru seguía liderado la rebelión, llegando a controlar zonas cercanas a Cuzco, Puno y serranías en el sur peruano. Sin embargo, disconforme con la radicalidad del movimiento y esos tintes racistas que tenía, decidió buscar un acuerdo, y le ofrecieron un indulto en la Paz de Lampa.  

Le dejaron seguir ejerciendo gran poder político, pero años después fue acusado de estar preparando una nueva rebelión, la llamada Conjura de Carabaya, aunque no se sabe si esto fue solamente una excusa para quitarle de en medio. Le tomaron prisionero y lo ejecutaron en julio de 1783.

Por cierto, hablando de conspiraciones, habría que destacar en Chile la Conspiración de los tres Antonios, llevada a cabo por los franceses Antonio Berney, Antonio Gramusset y el criollo José Antonio de Rojas. Estos tipos, influenciados por los ideales ilustrados y animados por la Independencia de los Estados Unidos, querían derrocar al gobierno colonial monárquico chileno… y crear un régimen republicano gobernado por un colegio elegido popularmente. De todas formas, la conspiración fue descubierta y los conspiradores fueron enviados a España para ser juzgados, pero el barco naufragó y todos palmaron.

Teodoro de Croix, de origen flamenco, fue el siguiente virrey del Perú, y estuvo en este puesto del 84 al 90.

Como suele pasar, tras una tremenda tormenta, suele llegar un periodo de mucha calma. Y eso pasó a finales de este siglo, que hubo pocas movidas reseñables. Fue un periodo bastante tranquilo.

Este virrey centralizó aún más Perú creando siete intendencias, y se abrió la Audiencia de Cuzco. Inauguró el Anfiteatro Anatómico de la Facultad de Medicina de Lima, e inició la construcción del Jardín Botánico en la misma facultad.

Creó un incipiente servicio de bomberos, empezó a enterrar las alcantarillas, y movió los basureros fuera de las grandes ciudades. Y para facilitar la recogida de basura empezó a poner nombres y números a las calles. Y también se empezaron a instalar farolas para el alumbrado público.

El virrey del Perú nº35 fue Francisco Gil de Taboada, anterior virrey de Nueva Granada.  

Este experimentado marino gallego es famoso por haber fundado la Academia Real de Náutica en Lima.

Durante su gobierno nacieron varios periódicos en el Perú. El primero fue el Semanario Erudito, fundado por José Gorbea en 1790… y al año siguiente, Jacinto Calero fundó el Mercurio Peruano.

También se realizó un censo en el virreinato, resultando en 2 millones de habitantes.  

Las reformas fiscales borbónicas acabaron suprimiendo en 1790 la Casa de Contratación de Cádiz, que fue sustituida por juzgados de arribadas, es decir, aduanas, instaladas en todos los puertos autorizados al libre comercio.  

El último virrey de este siglo 18 en el Perú fue Ambrosio O’Higgins, de origen irlandés, pero al servicio de España, quien gobernó de 1796 a 1800 justo.

Anteriormente también fue gobernador de Chile, desde 1786, y allí fundó varias ciudades, como Osorno. Algunas de estas poblaciones estaban al sur del río Biobio, y esto de crear ciudades al sur de este río fue posible gracias a un tratado de paz con los huilliches, un subgrupo dentro de los mapuches.

El problema, es que años después, en 1792, los huilliches se alzaron contra la influencia española, y destruyeron algunas de sus haciendas y misiones. El gobernador O’Higgins les derrotó miltarmente.

Tras esto, O’Higgins llegó a pactos con estos mapuches en los parlamentos de Negrete o el de Las Canoas, de 1793. Como gobernador, había perfeccionado el ceremonial y la eficiencia de estos parlamentos, dando lugar a largos periodos de paz.

Finalmente, también abolió definitivamente la Encomienda, un régimen que en aquella época ya languidecía y era visto como algo anacrónico. También dio propiedades a varios nativos de Chile en la costa, para fomentar la pesca.

También en esa época, en la ciudad de Santiago de Chile, se levantó la Casa de la Moneda, que ahora es la sede presidencial… y el Puente de Cal y Canto, o de Calicanto, que cruzaba el río Mapocho, obra del corregidor Luis Manuel de Zañartu.

Este fue un noble vasco famoso en Chile por su mano firme contra los ladrones y delincuentes. De hecho, para la construcción de este puente usó a presos y les sometió a trabajos forzados. Para financiar las obras se creó un impuesto a la yerba de mate, una bebida que se hizo popular entre españoles y criollos en esa época.

También se fomentaron obras públicas como carreteras que unían Santiago y Valparaíso con el Perú. Nuevos tajamares o muros de contención en Santiago. Pavimentación e iluminación de calles y creación de varias escuelas por todo el territorio.

Su gobierno como virrey fue corto. En 1797 estalló una nueva guerra entre Inglaterra y España, y O’Higgins puso mucho dinero para reforzar el fuerte de Pisco y el Callao, y para financiar calzadas entre Lima y el Callao.

En 1800 fue destituido porque su hijo, Bernardo O’Higgins, había participado en una conspiración contra la corona. El disgusto hizo que al año siguiente le diese un jamacuco que le llevó a la tumba.

Este Bernardo O’Higgins será protagonista en la Independencia de Chile, que veremos en un próximo capítulo, junto con las otras independencias de América.