¿ESTAMOS AL BORDE DE UNA GUERRA NUCLEAR?

Estamos en marzo del año 2022. Hace unas semanas pensaba que Rusia nunca se atrevería a invadir Ucrania, y que simplemente sacó sus tanques para ir de gallito, o como mucho meter un poco la zarpa en la región del Dombás… pero no. Vladimir Putin se lanzó a invadir Ucrania entera.

Muchos expertos en geopolítica tampoco lo creyeron posible, pero aquí estamos. Entonces surge una gran pregunta: ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar Putin? No me voy a meter ahora en hablar sobre este conflicto, pero sí que me gustaría hablar de un asunto del que no se hablaba tanto desde los tiempos de la Guerra Fría:

¿Es posible que se produzca una guerra nuclear? ¿Qué ocurriría en este escenario? ¿Se podría detener? ¿Se podría sobrevivir? Vamos a ello.

EL BOTÓN DEL FIN DEL MUNDO

Voy a ser directo. Las probabilidades de que dos gobiernos se pongan a lanzarse bombas nucleares es muy muy baja. Hay que estar muy chalado, pero muy muy chalado, para darle al botoncito de la bomba nuclear, porque puede llevar a una escalada que acabaría literalmente con toda la vida del planeta.

Pulsar el botón implica una alta posibilidad de perderlo absolutamente todo. Todas las comodidades del mundo moderno desaparecerían. Y las personas tenemos esa buena costumbre de querer vivir lo mejor posible: estar con la gente que queremos, comer bien, ver películas, series, ir al monte, dar paseos, el cafelito, cabalgar a lomos de osos pardos… A nadie le gustaría vivir en un yermo desértico y lidiar con mutarachas, salvo a un par de survivalistas locos de los Estados Unidos.

Y ese es el problema, que hay gente muy loca por el mundo. No sé por qué, pero me da la sensación de que los más sociópatas llegan a altos cargos en los gobiernos del mundo. Por lo que, ¿qué queréis que os diga? Yo ya me espero cualquier cosa.

Pero repito, que haya una guerra nuclear es muy muy poco probable. Tener pepinos nucleares está guay para amenazar y hacer presión, pero hasta ahí. Bueno, una de las estrategias que se ha comentado en los últimos días es la de lanzar un misil nuclear que no cause mucho daño para acto seguido iniciar negociaciones y desescalar la tensión. Como una especie de golpe de efecto. Eso también podría ocurrir, pero es un movimiento bastante arriesgado.

De todas formas… imaginemos que a Putin se le va la olla y se pone en plan: “O Ucrania es mía o no será de nadie”, y decide lanzar bombas nucleares contra Estados Unidos o algún país de la OTAN.

¿Hay medidas de seguridad para que la decisión no esté en manos de un solo tarado? Sí. El botón para lanzar una bomba nuclear no está en la mano de una sola persona. No hay un botón rojo gigante bajo el escritorio que, con solo pulsarlo, ya desencadene el apocalipsis. Esto no funciona así. El botón es una metáfora. Os voy a contar ahora el procedimiento que se sigue para tomar una decisión así.

En Estados Unidos la cosa funciona así. El presidente se reúne con sus asesores militares en la Sala de Situación o Sala de Crisis, situada en la parte oeste de la Casa Blanca. Entre todos hablan, y si deciden que no queda más remedio que atacar, se lo comunican al Pentágono, el centro de Defensa del país.

El presidente tiene un maletín (el llamado nuclear football) donde debe introducir el código de su tarjeta personal llamada “la galleta”, que debería llevar siempre consigo, a no ser que seas Bill Clinton, que la perdió durante varios meses. Este código es el que verifica que ES el presidente quien autoriza el ataque y no un impostor.

El jefe del Pentágono también tiene otro código, el “challenge code”. El Pentágono le dice al presidente su código, y el presi debe decir el suyo. Si coinciden en la misma fila, todo bien.

Cuando esos dos códigos han sido introducidos un ordenador de la Sala de Guerra… se obtiene acceso a los códigos de lanzamiento, los posibles objetivos y un montón de movidas más.

Esos códigos de autentificación para el lanzamiento, que son 150 letras aleatorias, son enviados a los silos o bases donde están los misiles, o también a los submarinos que también tengan torpedos nucleares. Allí comprueban que los códigos que ellos tienen y los que les envían sean los mismos, y por lo tanto sean auténticos.

Luego hay otro código más para desbloquear los misiles, y varios de los miembros de esa base deben usar una llave a la vez para lanzar el ataque. Cinco militares de alto rango son los que tienen una llave de esas, y tienen que debatir si hacer caso o no, pero parece ser que con que dos quieran iniciar el ataque ya vale.

Ahora pasemos a la Federación de Rusia. ¿Cómo es este proceso en el país de Vladimir Putin? Aquí es un poco diferente. Existen 3 cheget, es decir, 3 maletines nucleares que, al ser activados, dan la autorización para atacar al enemigo, y envían códigos de lanzamiento encriptados al Estado Mayor y al Centro de Control de Fuerzas Nucleares Estratégicas Rusas. De ahí, los códigos pasarían a los silos o submarinos donde se guardan las bombas nucleares.

¿Quiénes tienen estos tres chegets? Pues el presidente, es decir, Putin… el Ministro de Defensa, en este caso, Serguéi Shoigú, que por lo que parece, hace exactamente todo lo que Putin le manda… y el último estaría en manos del Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Rusas, Valeri Guerásimov. Lo que no se sabe bien es que si hacen falta que los tres se pongan de acuerdo o si sólo bastaría con el del presidente para autorizar el ataque.

En Rusia desde luego el control es bastante menor. De todas formas, en ambos sistemas hay muchas cosas que no se conocen, obviamente porque son temas de seguridad nacional y cuanta menos información tenga tu enemigo, mucho mejor.

De todas formas, aunque sepas dónde tu enemigo tiene silos con misiles nucleares, da bastante igual. Estos silos son subterráneos y construidos específicamente para soportar cualquier detonación, por lo que de ahí seguirían saliendo bombas.

Por cierto, ¿recordáis la segunda temporada de Perdidos? En esta serie, nuestros protagonistas encuentran un bunker donde hay un tipo que cada varias horas tiene que introducir un código en un ordenador y pulsar “enter”, y con eso evita un desastre. Pues eso es lo que se llama el Botón del Hombre Muerto.

Este sistema lo tuvo una temporada la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Ellos ya tenían programado el lanzamiento de bombas atómicas contra Estados Unidos y no hacía falta ningún permiso, pero sí que tenían a una persona o grupos de personas en un bunker que, cada cierto tiempo, recibían una llamada del Kremlin o del Ministerio de Defensa soviético, y tenían que introducir un código. Eso impedía que los misiles se lanzaran. Y eso se repetía cada varias horas.

Esto se hizo por si acaso Estados Unidos atacaba antes o cortaba las comunicaciones. Si los pobres tipos del bunker no recibían esos códigos porque Moscú había sido destruida o lo que fuera, las bombas se lanzarían automáticamente destruyendo a Estados Unidos y a sus aliados.

En otras versiones, no hay códigos, y simplemente estos tipos tenían que pulsar el botón. Pero si Rusia era atacada y dejaba de llegarles suministros como comida y éstos se morían en el bunker, nadie podría pulsar el botón y las bombas saldrían a destruirlo todo. De ahí el nombre de botón del hombre muerto.

¿Os suena el nombre de Stanislav Petrov? Este tipo fue un teniente coronel de las Tropas de Defensa Aérea soviéticas, que fue clave en el llamado Incidente del Equinoccio de Otoño de 1983. El 26 de septiembre de ese año, Petrov estaba de guardia en el búnker Sérpujov-15, a pocos kilómetros de Moscú, el centro de mando de la inteligencia militar soviética. Desde ese lugar se controlaba todo el espacio aéreo de la URSS gracias a un sistema de satélites. De pronto, Petrov detectó que un misil balístico intercontinental había sido lanzado desde los Estados Unidos en dirección a la Unión Soviética. Pocos minutos después detectaron otros cuatro.

La cosa estaba ya bastante tensa porque, tres semanas antes, los soviéticos habían derribado un avión de pasajeros surcoreanos matando a casi 300 personas, incluyendo a varios estadounidenses.

Petrov dijo que era rarísimo que, si Estados Unidos les atacaba, lo haría con solo cinco misiles; aquello no tenía ningún sentido. Además, ya sabía por experiencia propia que el satélite funcionaba a veces como quería. Fallaba mucho. Por todo esto, Petrov consideró que estos informes eran una falsa alarma y decidió no seguir el protocolo de responder con más misiles. ¿Qué pasó? Que efectivamente, todo había sido una falsa alarma y el sistema de alerta de los satélites soviéticos había funcionado mal, y gracias a Petrov se evitó un incidente nuclear a gran escala.

Aún así, la URSS ocultó todo lo relativo al incidente y degradó a Petrov. Sin embargo, tras la caída de la Unión Soviética, el general Yuri Votintsev reveló toda la historia a la opinión pública. En 2006, las Naciones Unidas homenajearon a Petrov, y hasta Kevin Costner hizo un documental sobre él en 2014. El hombre murió en 2017.

CONSECUENCIAS DE UNA GUERRA NUCLEAR

Antes de meternos de lleno en este apartado hay que aclarar una cosa. Una bomba atómica y una bomba nuclear no son lo mismo, aunque mucha gente use ambos términos como sinónimo.

–Una bomba atómica es una bomba de fisión nuclear. Es decir, que el proceso de la explosión es dividir átomos. Estos átomos pueden ser o bien de Uranio-235 y de Plutonio 239, dos elementos altamente radioactivos.

–Por otro lado, una bomba termonuclear es una bomba de fusión nuclear, es decir, todo lo contrario que la atómica, pues la fuerza de la explosión consiste en unir átomos pequeños.

A la bomba nuclear también se la conoce como Bomba H o Bomba de Hidrógeno, pues lo que se fusionan son núcleos de deuterio y tritio (isótopos del hidrógeno) para formar un átomo de helio. Cuando esto ocurre de forma natural en el sol todo está bien, pero si ocurre cerca de tu casa ya puedes salir corriendo.

A pesar de que la bomba termonuclear es mucho más potente que la atómica, ésta requiere una bomba atómica dentro. Y es que, para lograr la fusión nuclear se necesitan elevar estas partículas a millones de grados centígrados. Tras esta fisión que eleva la temperatura y que funciona como detonador, ocurre la fusión, y la bomba termonuclear explota.

La bomba de hidrógeno más potente jamás creada fue a Bomba del Zar, detonada en una prueba en 1961 sobre Nueva Zembla, un archipiélago ruso situado en el mar de Barents. Su potencia era de unos 50 megatones, es decir, unas 3000 veces más bestia que las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Eso sí, la bomba era tan grande y aparatosa que no era apta para usarla en combate.

Actualmente Rusia cuenta con unas 6000 cabezas nucleares, y Estados Unidos y la OTAN con un número muy similar. Ahora bien, si alguien llegara a lanzar un pepino de estos… ¿se podrían detener? ¿Hay sistemas de seguridad que eviten que estos misiles nucleares lleguen y exploten en su objetivo?

Estados Unidos lleva décadas trabajando en su escudo antimisiles nucleares, pero parece ser que muy eficaz no es. Más o menos aciertan el tiro un tercio de las veces. Recordemos que los misiles balísticos son lanzados, suben al espacio, van a toda leche (a unos 25.000 km/h), y en cuestión de 20 minutos, pueden llegar a su objetivo al otro lado del planeta. Interceptar uno es realmente complicado, así que imaginaos intentar frenar cientos de misiles al mismo tiempo. Se han hecho pruebas con pulsos electromagnéticos, pero nada, no funcionan.

Y eso si los misiles nucleares NO son lanzados desde el aire por un avión o por un submarino. Bajo el agua son aún más complicados de detectar, y es que tampoco les hace falta alcanzar su objetivo para hacer daño. Aunque exploten a varios kilómetros de una ciudad o base costera, la explosión provocaría una ola gigante de 200 o 300 metros. Arrasaría con todo lo que encontrase a su paso.

Como curiosidad, en los años 80 destaca el programa Star Wars, en el que el presidente estadounidense Ronald Reagan invirtió millones en una especie de láseres en el espacio que pudieran destruir cualquier misil balístico intercontinental que fuera a impactar contra su país. Como podréis imaginar, fue dinero tirado a la basura, básicamente.

Ahora hablemos de las consecuencias de una guerra nuclear. Según un estudio de la Universidad de Princeton (prinston), en Nueva Jersey, llamado El Plan A, se decía que si diferentes países se pusieran a lanzarse bombas nucleares como si no hubiera un mañana, en cuestión de tres horas habría casi 3 millones de muertos, y al final del día, contaríamos 90 millones de fallecidos.

Entre los efectos inmediatos, que afectarían a la zona cero de la explosión y sus alrededores, encontraríamos una onda expansiva que derribaría edificios como si fueran de papel… un pulso de calor abrasador u onda térmica, que puede llegar incluso a desintegrar a una persona si está cerca… y la radiación ionizante y un pulso electromagnético que dejarían lugares cercanos sin electricidad, así que olvídate de pedir ayuda.

También, aunque estés a 50 kilómetros de la explosión, si miras el destello producido podrías quedarte sin ojos.

Creo que no hace falta que lo diga, pero meterte en una nevera no va a salvarte de una bomba nuclear.

Si sabes que van a caer bombas, lo mejor sin duda es refugiarte en tu bunker privado. Pero si no tienes bunker privado pues lo recomendable es huir a los túneles del metro o en algún parking subterráneo, cuanto más profundo mejor. A poder ser, que encima haya un edificio compacto y resistente, como los hechos de hormigón. Y repito: no os refugiéis en neveras.

Ah, y ve con agua y alimentos porque te tendrás que quedar ahí abajo al menos un par de días. ¿Por qué? Pues porque aproximadamente 15 minutos después de la explosión llega la lluvia radioactiva, o Fallout en inglés, de ahí el nombre del videojuego. Y es que la explosión nuclear lanza a la atmósfera un montón de partículas radioactivas del tamaño del polvo, arena o ceniza. Además, el viento puede hacer que se esparza por cientos de kilómetros más. Es decir, que la lluvia radioactiva no es lluvia en sí, sino ceniza y polvo flotando en el aire y que hay que evitar a toda costa.

Conforme pasan los días, el nivel de peligrosidad baja. Una vez haya llegado el momento de salir del refugio, lo más importante es no inhalar nada de la ceniza radioactiva. Lo mejor es tener a mano una máscara de gas, pero a una mala te puede servir hasta un trapo. También es importante cubrir todo el cuerpo con ropa, y una vez en un sitio seguro, tirarla y cambiarla por otra, porque esa ya estará contaminada.

Si en los siguientes días la persona empieza a tener mucha sed, ganas de vomitar, fiebre o manchas en la piel, es que está sufriendo los primeros síntomas del envenenamiento por radiación.

Poco a poco las defensas de la persona afectada comienzan a menguar, y realmente aquí, casi cualquier cosa puede matarte, como la infección de una herida. Y casi es lo mejor que morir por radiación, porque luego vienen diarreas, pérdida de cabello y hemorragias intestinales. Y más a largo plazo, llegarían los cánceres y tumores.

Ahora llega una pregunta importante. ¿Cuánto tarda en disiparse esta radiación? ¿La ciudad podría volver a reconstruirse como en Hiroshima y Nagasaki o debería ser abandonada durante siglos como Chernóbil o Fukushima?

La respuesta es que ambos casos son muy distintos. El reactor nuclear de Chernóbil contenía como una tonelada de uranio enriquecido, y la bomba de Hiroshima 64 kilos, pero sólo se fisionó 1 kilo. No confundir con que esta bomba tenía el poder explosivo de 15 kilotones, el equivalente explosivo de 15.000 toneladas de TNT, es decir, trinitro-tolueno.

Además, esta bomba estalló en el aire, y no en el suelo, lo que hizo que el efecto radioactivo se disipara en el aire. Por ello, al cabo de dos semanas, las dos ciudades japonesas bombardeadas pudieron volver a ser habitadas.

Si una bomba nuclear cayese a día de hoy en alguna ciudad, se estima que podría volver a ser habitable después de 15 días o un mes, depende también de muchas circunstancias. El uranio o plutonio que tengan suele ser bastante poco.  

En cambio, en la central nuclear soviética, toda la mierda radioactiva se filtró en el suelo y se quedó contenida allí. Dicen que para que Chernóbil pueda volver a ser segura para vivir deberían pasar entre 10.000 y 20.000 años. De todas formas, algunas personas habitan ahí y en principio están bien, y también hay turismo y tal, así que vete a saber. Desde luego, cultivar no es recomendable.

Lo dicho, aunque en una guerra nuclear la radiación dure relativamente poco, sobre todo si la bomba estalla antes de impactar con el suelo, hay que tener en cuenta que estas sustancias malignas pueden ser transportadas por el viento a kilómetros de distancia, y podría llegar a afectar a diferentes partes del mundo.

Esta radiación puede tardar siglos en disiparse, por lo que el lugar quedaría como Chernóbil, deshabitado por vete tú a saber por cuanto tiempo. Pero lo peor es que, debido al viento, esta radiación podría viajar por el mundo hasta acabar afectando a absolutamente todo el globo.

La radioactividad en la atmósfera y en el aire contaminaría ríos y cosechas, matando a animales y plantas e impidiendo que la gente pudiese comer o beber absolutamente nada. Lo mejor es buscar comida enlatada y agua embotellada que no haya estado en contacto con la ceniza. Y sobre todo, conseguir una radio para seguir las instrucciones del gobierno, si es que sigue en pie. O para saber dónde puede haber algún campamento militar seguro o alguna cosa así.

El clima también cambiaría, pues tendría lugar lo que se conoce como Invierno Nuclear. Aquí, tanto las explosiones como los incendios consiguientes, lanzarían una cantidad ingente de polvo y cenizas a la atmósfera, y gran parte del planeta quedaría cubierta por un manto oscuro donde no entrarían los rayos de sol y la temperatura bajaría entre 10 y 20 grados. Todo el globo acabaría enfriándose y acabaríamos de vuelta a finales del periodo Cretácico. Y esto podría durar unos diez años, o puede que más. Pero es que luego, también puede ser que la guerra nuclear haya dañado la capa de ozono, lo que haría que tomar el sol unos minutos ya nos pudiera causar quemaduras en la piel o incluso desarrollar cánceres.

Desde luego el panorama no es muy alentador. Ojalá, en el futuro, se decida de una vez por todas acabar con todo el arsenal nuclear, porque, como veis, sólo puede traer desgracias a la humanidad. Por otro lado, también es cierto que, si no ha habido una 3ª guerra mundial hasta ahora, ha sido por el efecto disuasorio que producen estas armas. Nadie quiere arriesgarse a un conflicto nuclear donde nadie saldría ganando.

Ya os digo que yo pienso que no llegaremos a tales extremos, es demasiado absurdo. En fin, disfrutad de la vida y nos vemos en el próximo vídeo.